Viajar al espacio ya no es exclusivo de astronautas profesionales. En 2026 varias compañías ofrecen vuelos comerciales al espacio con asientos a la venta, desde saltos suborbitales de minutos hasta estancias de días en órbita. No es barato —todavía—, pero el menú de opciones crece cada año. Esto es lo que hay hoy.

Vuelos suborbitales: el primer paso

La forma más asequible de tocar el espacio es un vuelo suborbital: la nave sube por encima de los 100 kilómetros (la línea de Kármán), flotas unos minutos en gravedad cero y regresas. Es una experiencia breve pero intensa, con vistas de la curvatura de la Tierra. Los precios rondan los cientos de miles de dólares por asiento, según el operador y la demanda.

Órbita terrestre: la experiencia completa

Un escalón por encima están los vuelos orbitales, de varios días alrededor de la Tierra a bordo de cápsulas reutilizables. Incluyen entrenamiento previo, ingravidez prolongada y la salida y puesta de sol cada 90 minutos. Estos viajes cuestan decenas de millones de dólares y, por ahora, los contratan millonarios y misiones privadas con fines científicos.

Estaciones privadas y la Luna

Mirando al futuro, varias empresas desarrollan estaciones espaciales comerciales que sustituirán a la ISS cuando se retire, y que podrían hospedar turistas. Más lejos en el tiempo, los planes de órbita lunar y alunizajes tripulados de la década de 2030 abrirían la puerta a los primeros viajeros más allá de la órbita terrestre.

¿Bajarán los precios?

La clave está en la reutilización de cohetes: cada lanzamiento que reutiliza etapas abarata el siguiente. A medida que aumente la cadencia de vuelos y entren más competidores, los precios deberían caer. Todavía faltan años para que sea asequible para la mayoría, pero la tendencia apunta claramente hacia abajo.

El turismo espacial en 2026 es real, limitado y caro — y exactamente así empezó la aviación comercial hace un siglo. Ver despegar esta industria hoy es asomarse al futuro de los viajes.