Un reclutador dedica entre 6 y 10 segundos a la primera lectura de tu currículum. En 2026, además, la mayoría de las empresas usan filtros automáticos (ATS) antes de que un humano lo vea. La buena noticia: con unos ajustes concretos, tu currículum puede pasar ambos filtros.
La estructura que funciona
Una página (dos como máximo con mucha experiencia), orden claro: datos de contacto, perfil profesional de 3 líneas, experiencia, formación y habilidades. El perfil inicial es clave: en vez de "busco oportunidades", escribe qué aportas: "Diseñadora UX con 4 años creando apps usadas por 200 000 personas". Eso se lee en 3 segundos y engancha.
Logros, no tareas
El error más común es listar tareas: "encargado de redes sociales". Lo que impresiona son resultados con números: "aumenté los seguidores un 150% en 8 meses" o "reduje los tiempos de entrega de 10 a 4 días". Cada punto de tu experiencia debería responder a: ¿qué conseguí, cuánto y cómo?
Supera el filtro ATS
Los sistemas ATS descartan currículums que no pueden leer: evita diseños con columnas complejas, tablas e imágenes, usa fuentes estándar y guarda el archivo en PDF. Y copia las palabras clave de la oferta (herramientas, tecnologías, certificaciones) de forma natural en tu experiencia: si la oferta pide "Excel avanzado", que aparezca tal cual.
Personaliza cada envío
Enviar el mismo currículum a 50 ofertas no funciona. Dedica 10 minutos a adaptar el perfil y reordenar los logros según lo que pida cada oferta: lo más relevante, arriba. Un currículum adaptado a 10 ofertas rinde más que uno genérico enviado a 100.
Tu currículum no es tu biografía: es un anuncio de una página sobre el valor que aportas. Escríbelo con números, adáptalo a cada oferta y las entrevistas llegarán.