Una ciudad nueva significa un trabajo nuevo, amigos nuevos y un comienzo fresco, y unas doscientas pequeñas tareas que pueden arruinarlo si las olvidas. Las mudanzas fallan en la logística, no en la ilusión, y la logística son listas. Aquí tienes la tuya, semana a semana.

8 semanas antes: las grandes decisiones

Cierra tu vivienda, compara empresas de mudanzas (pide tres presupuestos) y empieza a deshacerte de trastos: cada caja que no empaquetas es dinero ahorrado. Avisa al casero si alquilas. Reserva la mudanza pronto: los precios suben con fuerza en las dos últimas semanas.

4 semanas antes: el papeleo

Traslada suministros, internet y seguros; actualiza tu dirección en bancos, suscripciones y documentos; recoge historiales médicos y escolares. Pide la reexpedición del correo. Cambia tu dirección en todos los sitios de una sentada: tu yo del futuro te lo agradecerá.

Semana de empaquetar: trabaja con cabeza

Empaqueta habitación por habitación, etiqueta cada caja con su destino y una línea de contenido, y fotografía los aparatos antes de desenchufarlos. Dona o vende lo que no hayas usado en un año. Cada caja que no empaquetas es dinero que no gastas en moverla.

El día de la mudanza: lo esencial

Prepara una caja con cargadores, neceser, medicinas, documentos, algo de picar y un cambio de ropa: la necesitarás antes de deshacer nada. Haz una última revisión de la casa vieja. Lleva documentos, cargadores y medicinas contigo en el coche, no en el camión.

Adaptarse: hazla tu hogar

Deshaz primero el dormitorio y la cocina para dormir y comer con normalidad. Recorre el barrio, localiza tu supermercado, tu farmacia y tu médico. Apúntate a un grupo o actividad local. Di que sí a cada invitación durante el primer mes: así los desconocidos se vuelven amigos.