Cuando un cliente decide si contratarte, no lee tu currículum: mira tu portafolio. Es tu escaparate, tu prueba de que sabes hacer el trabajo. Un buen portafolio no muestra todo lo que has hecho, sino lo mejor y lo más relevante para el tipo de cliente que quieres. Aquí tienes los pasos para construir uno que funcione.

Selecciona solo tus mejores trabajos

Calidad sobre cantidad: entre 6 y 10 proyectos bien presentados valen más que 30 mediocres. Elige trabajos variados que demuestren tus habilidades clave y elimina todo lo antiguo o flojo. Si aún no tienes clientes, crea proyectos personales o ficticios: rediseña una web conocida, escribe textos de muestra o diseña una campaña imaginaria. Indica claramente que son proyectos conceptuales: la honestidad genera confianza.

Cuenta la historia de cada proyecto

No publiques solo la imagen final: explica el problema del cliente, lo que hiciste y el resultado que conseguiste. Los clientes quieren ver cómo piensas, no solo cómo diseñas o escribes. Incluye datos cuando puedas: "la nueva web aumentó las visitas un 40 %". Un caso de estudio corto convierte mucho más que una galería sin contexto.

Hazlo fácil de encontrar y contactar

Tu portafolio debe cargarse rápido, verse bien en el móvil y tener un botón de contacto visible en cada página. Usa tu propio dominio si puedes (cuesta unos 15 € al año) y optimiza el título para Google con tu profesión y tu ciudad. Añade testimonios de clientes: dos frases sinceras valen más que mil promesas.

Actualízalo y compártelo

Un portafolio abandonado transmite abandono. Añade cada proyecto nuevo y retira los que ya no te representan. Comparte tu trabajo en redes profesionales y en comunidades de tu sector. El mejor portafolio del mundo no sirve si nadie lo ve: dedícale una hora al mes a promocionarlo.