El bonsái es el arte de cultivar árboles en miniatura, y empezar es más sencillo de lo que parece si eliges la especie correcta. No necesitas un árbol caro: necesitas constancia y los cuidados básicos. El 90 % de los bonsáis de principiantes mueren por exceso o falta de riego, no por técnicas avanzadas mal aplicadas.
Las mejores especies para empezar
El ficus (retusa o ginseng) es el rey de los principiantes: tolera interiores y perdona errores. El olmo chino y el junipero también son resistentes. Empieza con un ficus si lo tendrás dentro de casa: es casi indestructible con riego sensato.
Luz y ubicación
La mayorÃa de bonsáis necesitan mucha luz: junto a una ventana luminosa o en exterior según la especie. Los de interior sufren lejos de la luz natural. Si tu bonsái pierde hojas, en el 80 % de los casos le falta luz, no agua.
Riego: el arte de observar
Riega cuando la capa superficial del sustrato empiece a secarse, no por calendario fijo. Riega a fondo hasta que salga agua por los agujeros de drenaje. Mete el dedo un centÃmetro en la tierra: si está húmeda, espera; si está seca, riega.
Poda de mantenimiento
Recorta los brotes nuevos cuando tengan 5-6 hojas, dejando 2-3 para mantener la forma compacta. Usa tijeras de bonsái limpias y afiladas. Poda poco y a menudo en lugar de un gran corte anual: el árbol lo agradece y la forma se mantiene.
Abonado y trasplante
Abona en primavera y verano con fertilizante especÃfico para bonsái, reduciendo en invierno. Trasplanta cada 2-3 años en primavera, recortando un tercio de las raÃces. Nunca abones un árbol enfermo o recién trasplantado: primero debe recuperarse.
Errores tÃpicos que debes evitar
Regar por rutina sin comprobar la tierra, colocarlo lejos de la luz, podar en la época equivocada y cambiarlo de sitio constantemente. La paciencia es la técnica más importante del bonsái: los resultados se miden en años, no en semanas.